Y hoy es uno de esos días.

No les pasa? Por favor díganme que no soy la única.

Estoy en uno de ESOS DÍAS. Días donde simplemente no tienes ganas de nada. Y es que hay cosas que quiero hacer, un poco, solo un poquito... pero el cuerpo me pesa demasiado para hacerlas. Mi cuerpo me dice: ¡Deja de hacer cosas, que aún hay tiempo y yo necesito un poco para no hacer nada! Y quizá sí lo hay.Y quizá es bueno, incluso necesario. Es uno de esos días en que puedo pensar en mil cosas para hacer, hacer unas pocas a velocidad tortuga y quedarme sin ganas de hacer las demás. Ni comer. Ni cantar- menos cantar! Ni nada. Simplemente nada. Nada de nada. Que flojera con mi vida.
Por eso las vacaciones me perturban a menos que salga o haga algo productivo, básicamente.
Quizá incluso es mental. Ya saben, estar pensando en todas las cosas maravillosas que otros están planeando y saber que tú sigues sin saber que te depara el futuro, por que también estas planeando muchas cosas, pero te falta el valor para agarrar y hacerlas de una vez, te falta la certeza de como carajos las vas a hacer. También que es la primera semana que me quedo en casa, casi toda la semana, entonces eso me da tiempo de pensar todo lo que ha pasado en éste año, deprimirme, reírme de eso y pensar en el nuevo inicio que me depara. Quizá también es que me torcí el pie, que no he cantado, que extraño ver todos a alguien o que me la he pasado haciendo cosas a las que no le veo un sentido. O quizá también sea el cambio repentino y radical en mi rutina y en mi reloj biológico. Miedo, cansancio, incluso hartazgo- de esas veces que estás harto de ti mismo (quizá solo a mi me pase?). En fin... todos necesitamos de un momento de estos a veces, y aunque no lo necesitemos, parecemos exigirlo.
Lo bueno es que mañana será el último día de ésto. Venga pues. Hasta donde el corazón aguante.

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